Pascual González: “Tenemos muchas ganas de volver a Salamanca, que nos vio nacer como Cantores de Híspalis”

'Cristo. Pasión y Esperanza' lleva por título el nuevo espectáculo de Pascual González, alma máter de Cantores de Híspalis, y que desembarca en Salamanca este viernes día 9 de marzo.

TONI SÁNCHEZ


‘Cristo. Pasión y Esperanza’
lleva por título el nuevo espectáculo de Pascual González, alma máter de Cantores de Híspalis, y que desembarca en Salamanca este viernes día 9 de marzo. Aires del sur sobre el escenario, en una mezcla entre la devoción, el fervor, la poesía y la música cofrade, en la que según el propio compositor, es su obra cumbre. Salamanca Buenas Noticias ha conversado con él para conocer de primera mano sus sensaciones a escasos días de subirse al escenario del CAEM.

SALAMANCA BUENAS NOTICIAS: Vuelve Pascual González a subirse a un escenario, y lo hace a lo grande, con un espectáculo musical totalmente renovado y que sin duda llegará al alma de los salmantinos. ¿Qué sensaciones le invaden en estos momentos?

PASCUAL GONZÁLEZ: Las mayores y mejores sensaciones que tenemos en estos momentos es volver a la tierra que nos vio nacer como Cantores de Híspalis. Un grupo que, a pesar de su procedencia auténticamente sevillana, construyó sueños con varios rockeros salmantinos que se denominaban Alarcón 13 y que comenzarnos a crear nuestras primeras composiciones en el vielo local Atahualpa Recitales, una sala enclavada junto a la barbería del Pulga, un fígaro charro convertido en un personaje de la talla de Rocambole, Quinito o Antonio de La Covachuela.

SBN: ¿La historia de su “resurrección” comienza en Israel, verdad?

P.G: El primer día de mi estancia en Israel fue una visita a la Fortaleza de Massada, entre el desierto de Judea y el Mar Muerto… ¡Qué mal bajío el nombre del mar para una persona, como yo, deseosa de vida! No obstante, cuando íbamos de regreso a Jerusalén, paramos en un bar y sobre el cañizo que me daba sombra, posó el vuelo de un cuervo, que, no sé por qué, pero que desde el primer momento que lo vi, percibí que venía hasta mi para anunciarme la vida. Desde aquel momento, desapareció mi cansancio y mi dificultad de respiración.

SBN: ¿Cómo fueron esos momentos en Tierra Santa cuando Pascual González decide volver a escena, para hacerlo además con un espectáculo tan grandioso como ‘Cristo. Pasión y Esperanza’?

P.G: Yo no pensaba aún, volver a escena, aunque siempre me viera en ella. Mi gran sueño era que aquellos restos cantables formaran parte de una sinfonía, que estuviera o no estuviera yo, incluso siglos más tardes fuera interpretada por grandes cantantes, músicos y actores de diferentes nacionalidades, Da igual de donde sean. El lenguaje del libreto es totalmente universal.

SBN: ¿Podría decirse que su recuperación ha sido una auténtica “pasión” y su vuelta a los escenarios será la “resurrección”?

P.G: Cada persona nace con una pasión exclusiva que le corre por las venas. Cuando esa pasión, por las razones que fueren, sea injustamente sentenciada con o sin Pilatos, con o sin Barrabás, con o sin Sanedrín, el Calvario te espera, no hay clemencia aunque siempre existen los milagros, las luces de la fortuna y las danzas de los hados que pueden confluir en la mejor de las bienaventuranzas, llamémosle pasión, resurrección, vida o muerte.

SBN: ¿Su guitarra y sus ganas irrefrenables de subirse de nuevo a un escenario han sido sus mejores medicinas?

P.G: No subo al escenario tantas veces como quisiera, pero la sinfonía de la obra palpita mi corazón desde el inicio de la misma… Mi guitarra, mi inseparable compañera, nunca me deja, siempre está pendiente de mis pasos, mi muleta ideal, mi amor eterno, el elixir de mi vida.

SBN: ¿Qué puede adelantar de lo que podremos ver sobre el escenario del CAEM el próximo día 9 de Marzo, en la que usted mismo ha asegurado que es “su obra cumbre”?

P.G: El último niño, por lo general, es el más guapo, mucho más si piensa que no vas a engendrar más… Por eso esta obra la consideré el Adonis de mis libretos compositivos y aunque sigo convencido que es la mejor obra de mi vida, continuaré el eterno reto que todo poeta o músico tiene para superarse a si mismo.

SBN: Según los especialistas, esta producción audiovisual es un espectáculo nunca visto y que a buen seguro dejará boquiabierto a los espectadores que abarrotarán los teatros para presenciarla en directo.

P.G: La producción audiovisual de esta obra tiene el lujo de haber sido llevada a cabo por Carlos Valera Bastida, uno de los más importantes directores de películas y documentales del género cofrade. Estoy convencido que su trabajo gustará mucho al gran público de todas las edades.

SBN: Además, en Salamanca contará con la participación de otros artistas y la Banda de Música de Villamayor. ¿A qué se debe esta fusión de estilos y artes?

P.G: En todas las ciudades, contamos con colaboraciones tan especiales como diferentes… Grupos de actores, músicos especiales, agrupaciones musicales, saeteros, bandas de cornetas y tambores… Y en este caso, como único dentro de la gira, gozaremos de la gran Banda de la Escuela de Villamayor dirigida por el gran maestro Don Pedro Hernández Garriga.

SBN: ¿Es la música la mejor manera para usted de plasmar su fervor y devoción?

P.G: Llenar un libreto de poemas y notas musicales es la verdadera danza de las musas de Apolo. Los fervores y las devociones se maman en los pechos maternos. El hermanamiento del arte de la música, la literatura, el fervor y la devoción es el gran Olimpo de la lírica universal.

SBN: ¿Qué imagen de la Semana Santa de Sevilla le conmueve y le llena interiormente?

P.G: El Señor de la Sagrada Presentación de Jesús al Pueblo, con el que jugué desde niño, alistándome a su gran legión de adeptos y seguidores… Mi amigo, el gran Cautivo de mis desvelos, él es el dios de mi casa, de mi raza y de mi cielo… El Nazareno de San Antonio en la Cruz de Guía de mis pasos y de mis oraciones… El Gran Poder es el que derrocha la ciudad desde San Lorenzo… María Santísima, todos lo saben, tiene su trono en la gran basílica de la Huerta del Macario, pura y autentica Macarena de Dios.

SBN: ¿Qué conoce de la Semana Santa salmantina y del fervor popular con el que se vive la tradición en esta ciudad castellana y tan diferente a la sevillana?

P.G: Mis acostumbradas estaciones de penitencia en mi hermandad natal de San Benito del barrio de La Calzada y de la Madre y Maestra del Nazareno de todos los nazarenos de la tierra, no me dieron el tiempo suficiente como para conocer bellezas tan maravillosas como la Señora de Salamanca, de Mariano Benlliure, entre el Cristo de la Liberación y el Cristo crucificado de la Vela.

SBN: Por último, ¿qué consejo daría usted a todos los que el viernes llenarán el CAEM para que disfruten al máximo de un espectáculo como ‘Cristo, Pasión y Esperanza’?

P.G: No hay mejor forma de explicar lo que el gran público se encontrará en el escenario del CAEM de Salamanca que lo que explica en su maravilloso prólogo, el gran periodista Carlos Navarro Antolín:

‘Un trabajo con alma, una sinfonía de emociones

Un viaje a la cima de las emociones con curvas pronunciadas para el corazón. La tensión siempre encendida como una lamparilla de guardia. El ánimo agitado, en constante ebullición, despierto como un centinela de guardia. Una arenga al sentimiento con la voz tronante de un capellán castrense. Tiene usted en sus manos un producto con alma, un trabajo que reproduce fielmente el milagro vivido en primera persona por quien pisó esa raya de picadores que marca la frontera entre la vida, una vida en la que aguardaba la cálida cuadrilla de Juani y Carlos, y la ilusión de jóvenes como Alex Hernández y Diego Benjumea, y la muerte, una muerte que anunciaban los pitones aviesos de una dolencia que a punto estuvo de dejarlo en la penumbra.

Este Pascual González de hoy es quizás menos divino que en los célebres años noventa, pero mucho más humano en este precioso tiempo que le ha tocado vivir. Tuvo fe y se puso a cantar. Tuvo fe y se puso a componer. Tuvo fe y se fue a Tierra Santa para dar gracias por el hermoso don de la vida. Tuvo fe y se curó. Abrazó la cruz de su existencia siguiendo el ejemplo de su dulcísimo Jesús Nazareno y volvió a rezar, a declamar, a hacernos vibrar. ¿Y con quiénes mejor iba hacerlo que con su gente de siempre? Los Cantores de Híspalis. Pascual alzó el cirio luminoso de la vida, se lo llevó al cuadril y siguió adelante sin volver la vista atrás en clara expresión de futuro.

Este nuevo trabajo es el de mayor carga espiritual y, por lo tanto, el que ofrece una visión más trascendente y comprometida con sus creencias sin perder el estilo, sin olvidar las apuestas arriesgadas de siempre, sin dejar de cultivar esa innovación que ha hecho que este grupo tenga un sello propio. Cantores le pone letra a Los Pitos del Silencio, al Pasan los Campanilleros y al Adagio de Albinoni. Se hacen acompañar de gaitas, tambores, cornetas, coros, latines… Cantores busca a Dios a través de ese estilo único que incluye la narrativa rasgada de Pascual. Tiene usted una verdadera sinfonía de emociones en sus manos, la historia de Jesús Nazaret contada y cantada en clave sevillana, con vocación de apertura hacia todos los pueblos de España y con momentos en los que sentirá estar en alguna de las grandes producciones de Hollywood. Déjese llevar por la emoción. Escuche, vea y vibre. Llore, sienta y medite. Prepárese para estar en esa cima de las emociones a la que sólo los genios pueden y saben llevar al gran público.

Bienaventurados los que cantan porque verán a Dios y le rezarán cantando. Dios siempre aguarda al final del camino de la fe. Y los Cantores se han ganado a pulso tener un puente que siempre les espera, un puente hacia Dios en una larga trayectoria en la que siempre, siempre, son las cuatro de la tarde, en la que siempre la unión hace la fuerza y el cante conduce a esa cima, a ese paraíso que ahora, usted, también puede alcanzar a través de una sinfonía que le hará sentir la gracia de estar vivo’.



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