Noa Benito: ‘Cuando llegué a Alemania no sabía más que decir ‘Danke’

Dicen que los periodistas tienen alma de aventureros, de inquietos, de arriesgados en muchos casos... Aunque Noa Benito estudió Hispánicas en nuestra ciudad, siempre quiso estudiar Periodismo...

PAULA ZORITA

Dicen que los periodistas tienen alma de aventureros, de inquietos, de arriesgados en muchos casos… Aunque Noa Benito estudió Hispánicas en nuestra ciudad, siempre quiso estudiar Periodismo. Quizá por aguardar en el fondo esas cualidades, y aunque quizá ni ella lo sepa, se decidió a ‘formar’ una vida lejos de Salamanca. Noa ya había vivido la experiencia de pasar un par de años en el extranjero (Ámsterdam), pero en aquella época, como vamos a conocer a través de su vivencia y anécdotas en esta entrevista, ella iba con otras pretensiones y con menos presión que cuando decidió irse a Alemania. La responsabilidad no es la misma con 20 años que con 30 y las miras de futuro tampoco. Eso es algo que ha aprendido poco a poco y con mucho sacrificio, casi tanto sacrificio como el idioma.

Ahora ha formado una bonita familia en una pequeña ciudad alemana con ese alma de aventurera, inquieta y arriesgada. No me canso de resaltar lo valientes que son los que abandonan Salamanca para buscar un futuro fuera. En esta interesante entrevista, Noa se expresa con total sinceridad y nos habla de cómo es su vida profesional y familiar en Wiesbaden, una pequeña ciudad de Alemania a la que llegó hace ya seis años sin saber el idioma y con el único, aunque importantísimo, apoyo de su pareja.

SBN: Noa, como me comentas… estudiaste Hispánicas aquí en nuestra ciudad…

NOA: Estudié Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca. No era la carrera que yo quería estudiar. Siempre deseé estudiar Periodismo y trasladarme a Madrid; pero supongo que el cambio de ciudad, los gastos que supone vivir fuera de casa y un poco el miedo a lo desconocido me frenó y me decidí por otra cosa que pudiera estudiar en Salamanca y que también me atrajera. Al final, me decidí por Hispánicas. Siempre te queda una espinita clavada, pero estoy contenta con cómo se desarrolló todo.

SBN: ¿Qué situación laboral había para ti en Salamanca?

NOA: Me licencié en el año 2002. La crisis aún no había golpeado de lleno, pero ya se empezaban a notar dificultades. Las salidas profesionales no iban más allá de la enseñanza; empecé en Salamanca trabajando en academias de idiomas, sobre todo aprovechando los veranos y la llegada de los alumnos extranjeros de cursos internacionales. Luego me metí más de lleno en tema oposiciones. La competencia era ya muy grande. No logré aprobar nunca las oposiciones de secundaria, pero durante un tiempo conseguí trabajar como interina; hasta que ya sí, los recortes llegaron a todos los sectores, y de lleno al de la educación. Pasé de tener una vacante en mis manos a no recibir ninguna llamada para realizar pequeñas sustituciones.

SBN: Todos los que viajáis en busca de un futuro lejos de nuestra ciudad, lo hacéis por dos motivos: personales o laborales. ¿En tu caso cuál de los dos pesaba más?

NOA: Pues el tema laboral me empujó, claro, pero principalmente, tuve razones personales. Mi pareja es de Alemania. Después de años llevando la relación a la distancia había que tomar la decisión. Yo ya tenía experiencia trabajando como profesora de español en el extranjero. Estuve 2 años en un instituto en Amsterdam. Es una fase de mi vida que recuerdo con mucho cariño. Aprendí mucho enfrentándome a los cambios y por supuesto, de la forma de trabajar en la enseñanza de otros países. Por eso, y porque mi pareja es alemán, pensé que podría encontrar un huequecito en Alemania y que no me sería muy difícil adaptarme (no ha sido tan fácil como creía). Llegué a Alemania con un apoyo personal enorme, pero sin trabajo y sin hablar una palabra de alemán. Todo empezó a fluir poco a poco y con esfuerzo estando ya allí.

SBN: Imagino que tomar esa decisión fue dificil…

NOA: Tener pareja del país al que te trasladas es una bendición, pero no es fácil. No es igual vivir esta experiencia con 20 años, que con más de 30, como fue mi caso. Es más difícil hacer amigos, encontrar apoyos. Con 32 años no me pasaba los fines de semana de fiesta en fiesta, junto a otros estudiantes internacionales; sino que estaba buscando asentarme para pasar a la siguiente fase de mi vida; un poco más “tranquila” o “familiar”. Y esta presión se hace dura. Mi experiencia en Amsterdam fue más relajada, me fascinaba la ciudad y tenía trabajo, dinero y tiempo, pero no tantas aspiraciones personales como cuando llegué a Alemania. Fue más fácil, relajado… más divertido. En Alemania sentí más la presión de “tienes que adaptarte cuanto antes”, “tienes que aprender el idioma si quieres que te tomen en serio”. Esto ya no es una beca Erasmus. Esto ya va en serio. En definitiva, me costó dejar Salamanca. Y me sigue costando volver a Alemania cada vez que vuelvo a casa por vacaciones.

SBN: ¿Qué es lo que más te costó dejar atrás, aquí en Salamanca? ¿Cuánto tiempo llevas allí?

NOA: Claramente la familia, las amistades…y en particular, a mi sobrino, que acababa de nacer y me ha dolido siempre en el alma no verlo crecer día a día. Este tipo de cosas afectan mucho. Cuando te sientes desplazada de la que ha sido tu vida hasta entonces. Ves que las cosas siguen sin ti. Es un poco triste. Llevo 6 años en Alemania.

SBN: ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes recién llegada? ¿La primera persona que conociste?

NOA: Vivo en Wiesbaden, y es una ciudad que ya conocía bastante bien porque durante años visitaba a mi novio en Mainz (que está al lado de Wiesbaden). Wiesbaden es la capital del estado de Hessen, y está a unos 30kms de Frankfurt.

Llegué en enero, así que, recuerdo el frío, y la oscuridad a partir de las 3 y media de la tarde. Y también recuerdo con cariño nuestro primer apartamento, que nos costó mucho encontrar. Las primeras personas que conocí fue un grupo variopinto de estudiantes principiantes de alemán: Letones, sirios, ucranianos, rusos, turcos, polacos, coreanos, iraníes… Estuve 8 meses yendo 4 horas al día a estudiar alemán. Todo en plan muy intensivo. No sabía decir más que “Danke”.

SBN: ¿Quién es ahora mismo tu principal apoyo allí?

NOA: Siempre mi novio.

SBN ¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de todo aquello, la cultura es completamente diferente a la nuestra, las aficiones también, la forma de vida en definitiva es muy distinta…?

NOA: Lógicamente, mudarse de España a Alemania, no es como mudarse de España a China. No deja de ser un país europeo, donde la vida diaria es similar a la que puedas llevar en España. Es tu trabajo, tus obligaciones, tu casa. El choque viene más en el ámbito personal y cultural. El dominio del idioma, fundalmental para sentirte cómodo. Yo aún estoy en el proceso. Por mucho que haya aprendido, es muy normal quedarte apartado cuando un grupo de personas habla alemán y tú no puedes seguir el ritmo o atender a todas las conversaciones como harías en tu lengua materna. Y esto también hay que saber aceptarlo, aunque cueste. Sin el idioma dominado, y yo creo que incluso teniendo un alemán excepcional, es casi imposible sentirte tú mismo. Yo siempre digo que en Alemania soy otra persona. Creo que salvo mi pareja, con la que hablo español, nadie ha llegado a saber cómo soy realmente, por, entre otras cosas, las limitaciones lingüísticas. Luego está el tema del humor. También es distinto aquí; la manera de relacionarse. Los alemanes no son fáciles. Socialmente funcionan de una manera distinta. Son menos abiertos, no es un cliché, es verdad. Esto no tiene por qué interpretarse de manera negativa. Simplemente son así. Pero no es fácil conectar con ellos. Al menos, ésta es mi experiencia.

SBN: ¿Cuál es la principal diferencia que encuentras entre el país donde te encuentras y nuestro país?

NOA: Como te digo; las relaciones personales. Son distintos. Ni peores, ni mejores, pero distintos. Es difícil a veces.

Siempre cuento como ejemplos de esto un par de anécdotas: Unas semanas después de mi llegada a Alemania fui en tren con mi pareja y otro dos colegas suyos, a una fiesta en Frankfurt. Por aquel entonces mi alemán no pasaba de “ich bin Noa” pero mi inglés siempre ha sido más que aceptable. Curiosamente, a pesar de que todos los que iban conmigo eran profesores de inglés, ninguno se dignó a hablarlo en los 40 minutos de trayecto, a pesar de que sabían que así yo podría entenderlos. Fue muy decepcionante e incómodo. Me dejaron muy clarito el mensaje de “aprende alemán y luego ya veremos”. Mi pareja también se sintió incómodo y casi un poco avergonzado por la actitud de sus compatriotas.

Otra anécdota que explica bien el carácter alemán me ocurrió en la sala de profesores del cole donde trabajo. Llegué en la pausa y me estaba preparando un café cuando entró en la sala otra profesora. Yo la saludé y de forma sonriente intenté iniciar una conversación preguntándole cuáles eras sus planes para las vacaciones. Me contestó rápidamente, con tres palabras y se dio la vuelta para sentarse en uno de los sofás. Me dejó claro en todo momento, que la pausa era para descansar, no para estar de cháchara intrascendente conmigo. Así pasamos los 20 minutos de pausa, compartiendo espacio y aire y poco más.

SBN: ¿Tienes unas mayores metas laborales u objetivos a largo plazo? Es decir, ¿te ves en Alemania por mucho más tiempo o te gustaría volver en algún momento?

NOA: De momento estoy trabajando en un colegio, feliz de la vida y con unas condiciones excelentes. He tenido mucha suerte. Me gustaría poder continuar. No tengo un contrato fijo, voy tirando de renovaciones, por lo tanto, mi vida laboral en Alemania no tiene tampoco estabilidad; pero tengo que decir que desde que llegué no he dejado de trabajar y de enlazar unos contratos tras otros. Creo que tendré una temporada más en Alemania. Ahora que tengo un hijo (Mateo de 2 años y medio), los cambios son más complicados; pero mi pareja y yo deseamos poder pedir un traslado a España (sería una comisión de servicio en el extranjero, mi pareja es profesor funcionario y existe la posibilidad de trabajar unos años en otros países) para que así nuestro hijo aprenda y disfrute de sus dos países.

SBN: ¿Qué te impactó de aquella ciudad, algo que tú recuerdes y que marcase un día o un momento para ti?

NOA: Me encantan sus parques, y que con la llegada del buen tiempo la gente vaya a merendar y a disfrutar del sol. Son muy bonitos y están muy cuidados. Y también recuerdo mis primeras visitas aquí y salir de fiesta. Hay mucho ambiente; locales chulos y la gente suele siempre estar animada. Recuerdo pasarlo muy bien en mis primeras salidas en Alemania.

SBN: ¿Cuál es tu sueño?

NOA: ¿En Alemania? Hablar un alemán perfecto jajaja. Seguir trabajando en lo que hago, sentirme yo misma, aprender un poco más. En lo personal, pues que mi familia, mi niño estén bien y sean felices.

SBN: ¿Qué es lo que más echas de menos de Salamanca?

NOA: ¿Puedo decir todo sin quedar como una ñoña? (risas). Sí, de Salamanca echo de menos todo. Es una ciudad fantástica.

SBN: Una vez fuera, y con una vida laboral y social hecha en otro país, ¿qué carencias le ves a nuestra ciudad y qué oportunidades o cosas valoras de ella?

NOA: Es obvio que la precariedad laboral golpea fuerte, es una pena. De Salamanca valoro y disfruto su belleza, cada vez más. Es maravilloso llegar y sentir que “estás en casa, pero de verdad”. Salamanca es mi casa. Siempre será así.

Noa sigue su camino en Alemania y está ‘escribiendo’ lejos de Salamanca los ‘capítulos’ más importantes de su vida. Ésta siempre será su casa y los salmantinos, su familia y su gente.



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