La trashumancia: el sueño cumplido de Manuel García

PAULA ZORITA

Cuando se reunen varias circunstancias con las que, si te paras a pensar, cumplirías un sueño, hay que llevarlo a cabo. Por pasión y amor a su profesión, el joven ganadero Manuel García, de 33 años de edad, ha cumplido este año el suyo: realizar la trashumancia. Una práctica que lamentablemente está en desuso pero que para quien cada día se levanta con la ilusión de ver a su ganado en el campo, es todo un privilegio poder realizar.

En este caso se daba la circunstancia de que Manuel cuenta con finca en Tamames y en Extremadura, de que tiene muchos amigos que han colaborado día a día en los quehaceres propios de la trashumancia, y que tiene la capacidad de trabajo de los antiguos hombres de campo y la experiencia de muchos años a su espalda, a pesar de su juventud. Todas estas cosas hicieron decidirse a Manuel por afrontar esta experiencia de la que dice hacer ‘porque le gusta’ y no porque le compense (cabe destacar que en Castilla y León esta práctica no se subvenciona, sin embargo, los kilómetros que se han realizado por Extremadura, sí son subvencionados).

Y el sueño se cumplió. Atrás quedaron ocho días, 160 km (20 km aproximadamente recorridos al día) y 118 animales que llegaron a su destino: Extremadura. Manuel habla con mucha ilusión de la experiencia vivida: ‘tenía la espinita clavada. Hoy en día se ha perdido y los traslados se hacen en camiones, pero quería hacer esto por tradición y arraigo, porque se está perdiendo. Para mi ha sido toda una experiencia porque además trabajar con el ganado es mi verdadera pasión’.

Tradicionalmente, la trashumancia se realizaba por ‘cordeles’ habilitados para ello, para que el ganadero trasladase de un lugar a otro a las reses. Manuel aprovechó el paso de esos cordeles por finca de amigos para que el trayecto fuese más llevadero e ir haciendo ‘etapas’: ‘respetando siempre la cañada real y los cordeles, elaboré un plan en el que más o menos conocía fincas donde poder ir completando etapas. He contado cada día con la ayuda de amigos que también conocen el campo y que me han acompañado además de la gente que habitualmente trabaja conmigo en el campo’.

Quien escribe, servidora, sabe que trabajar en lo que amas es todo un privilegio, y eso es algo que desde el comienzo de la charla con Manuel, he tenido presente porque él ha sido muy claro: ‘he probado a hacerlo porque me gusta el manejo del ganado, me gusta bregar con las reses y sobre todo cuando se dan las cosas bien… Ser ganadero es vocacional para mi, es una satisfacción personal, y ha sido un gusto cumplirla’.

A veces cumplir un sueño depende únicamente de nosotros…

Fotografías: A. Vázquez.

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