Dorantes: ‘vengo a Salamanca para entregar mi alma y mi corazón’

Un gitano de Lebrija que toca el piano flamenco. Si en el S. XVIII, fecha en la que data el comienzo del estilo musical del flamenco, hubiesen hecho esta afirmación, más de uno se habría llevado las manos a la cabeza...

PAULA ZORITA

Un gitano de Lebrija que toca el piano flamenco. Si en el S. XVIII, fecha en la que data el comienzo del estilo musical del flamenco, hubiesen hecho esta afirmación, más de uno se habría llevado las manos a la cabeza. Por suerte, hubo quien se atrevió a acompañar el flamenco con este instrumento, como los pianistas Arturo Pavón y Pepe Romero, pero hace 20 años, David Peña ‘Dorantes’, ese gitano de Lebrija, rompió barreras. Flamenco desde que nació, con un compás adquirido no desde la cuna, sino ya en el vientre de su madre, ‘coqueteó’ con el toque de la guitarra, pero se sintió atraído por la majestuosidad del piano, un instrumento que no le pudo enseñar ningún flamenco. Por eso rompió barreras, porque hizo la carrera de piano en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla. A partir de ahí, según él mismo afirma, fue autodidacta. Salió de tocar a Chopen o Bach, que nada tenían que ver con la fuerza que él imaginaba que tenía que tener el piano en el flamenco, por lo que tuvo que ‘inventárselo’. A pesar de ello, no se considera pionero, pero sí un ‘bicho raro’.

Conocer de cerca la historia de Dorantes es verdaderamente apasionante, como lo son sus temas, como lo es verle tocar y como lo es hablar con él. Apasionante. Dorantes ha logrado universalizar aún más si cabe el flamenco porque lo toca con uno de los instrumentos más universales que existe, valga la redudnancia. El artista lebrijano dará un concierto el próximo jueves en el Teatro Juan del Encina enmarcado en el VIII Centenario de la Universidad de Salamanca. Sabe lo que es tocar en nuestra ciudad y dice haberse sentido muy bien en el escenario cuando lo ha hecho, de nuevo quiere entregar como él mismo afirma su ‘alma y su corazón, aunque suene cursi’ y ahora llega con un disco especial con el que celebra sus 20 años de carrera. ‘El tiempo por testigo’ es su título, y con él hace un amplio recorrido por los momentos más importantes de su vida…

SBN: Me comentabas, David… que con este disco quieres cerrar una etapa…

DPD: Sí… digamos que reeditar algunos temas y composiciones que forman parte importante de mi vida me ha servido también para empezar una nueva etapa con otros temas y otra forma de componer, que es lo que busco ahora. Con este disco trataba de subrayar a través de los temas elegidos momentos puntuales de mi vida y cada tema me describe. Hay tres temas inéditos compuestos para la ocasión y con ellos quiero cerrar puertas.

SBN: Háblame de esas composiciones que subrayan tu vida, ¿cuáles son esos momentos que podemos encontrar en este álbum?

DPD: Pues está por ejemplo la ‘Danza de las sombras’, que describe el momento en el que yo paso de mi pueblo con 7 añitos como es Lebrija a la gran ciudad y todo el caos que conlleva como es Sevilla… o ‘Semblanza de un río’, porque siempre he estado viviendo en torno al río, mi pueblo, mi ciudad… o muchos de los temas que compongo, que lo hago en Sanlúcar de Barrameda, justo donde va a ‘morir’ el Guadalquivir. Cada tema tiene un porqué…

SBN: También hay temas que han subrayado más tu fama, como ese inolvidable Orobroy…

DPD: Sí, por supuesto, pero no es lo que más me ha importado en estos veinte años de carrera… He buscado más el hecho de que el tema signifique algo importante para mi o haya marcado mi vida o mi carrera que el hecho de que me hayan hecho ‘famoso’. Con él voy a completar una gira larga en la que puedo tocar tanto en sitios grandes como en teatros más pequeños y eso me encanta. Tengo un trabajo precioso.

SBN: ¿Con qué te quedas de él, de este trabajo tan maravilloso?

DPD: ¡Con tocar! (risas). El artista espera más que toca. Esperamos a la hora de la salida del vuelo, esperamos en el avión, cuando llegamos esperamos las maletas, en el hotel esperamos la hora de la prueba de sonido y cuando acaba la prueba de sonido, esperamos la hora de tocar y enseguida, eso que es lo que más me gusta que es tocar, acaba en hora y media… entonces para mi, lo mejor es el momento de hacer música, es cuando disfruto y me entrego.

SBN: Has conseguido que el piano sea un elemento flamenco muy importante y muchos, tanto críticos como profesionales, te han clasificado un pionero en ello… ¿te consideras pionero en realidad?

DPD: No lo sé… realmente antes de mi estaba Arturo Pavón y Pepe Romero que eran dos pianistas y eran los que tuvieron la idea de meter piano en el flamenco. Eran diferentes, yo quizá y aunque los respeto, yo sí que he intentado que el piano tuviese su propia personalidad ahí y su propia técnica e identidad. Ellos quizá aún imitaban tanto a la voz como a la guitarra y yo me alejé bastante de esa idea y por ahí me otorguen ese papel de ‘pionero’. Yo sólo sé que sigo preparándome y haciendo música y con mi lenguaje natural que es ese desde que soy pequeño y me cuesta bastante clasificarme y autoanalizarme.

SBN: Tomaste formación en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla… Ahí si fuiste un pionero, porque normalmente los flamencos no toman formación musical, sino que lo llevan dentro…

DPD: Exacto, yo el compás lo tenía, los conocimientos sobre el flamenco los tenía, pero lo que no sabía era donde acudir a aprender a tocar el piano. No hay un lugar en el que te enseñen a tocar el piano flamenco… Por eso tomé la decisión de formarme en la carrera de piano. Conocí el insrumento y digamos que luego ya he sido autodidacta, porque en realidad, el piano clásico que yo aprendí tocando a Bach o Chopen por ejemplo y su suavidad, no tiene nada que ver con la fuerza que yo quería aportar con mi piano al flamenco… ¡imagínate lo diferente que era! así que tuve que ‘reinventarme’. En aquel momento pensaban que saber leer y escribir música y las notas me iba a quitar frescura en el flamenco y fue difícil, me ponía en entredicho. En aquel momento yo era un bicho raro.

SBN: El piano ha dado al estilo musical del flamenco una mayor dimensión y ayuda a ser entendido fuera de nuestras fronteras por ser un instrumento mucho más universal que lo que puede ser la guitarra española por ejemplo…

DPD: Pues quizá el hecho de que sea lo que dices, un instrumento más universal y más flexible a la hora de crear tipos de música, más que la voz o la guitarra española, que pueden ser más difíciles de interpretar para el gran público, sí puede ser. Puede ser que ayude a que la gente se acerque más al flamenco.

SBN: De hecho, así ha sido en tu caso, porque has viajado por todo el mundo para dar a conocer tus creaciones al piano… El hecho de viajar con tu música al extranjero es una vivencia enriquecedora para ti…

DPD: Exacto… cada sitio tiene una personalidad y cuando vas pisando cada vez más escenarios vas dándote cuenta de lo bonita que es la variedad y el cromatismo cultural que hay en torno a la música, la forma de escuchar, los sonidos… Japón por ejemplo es muy interesante por la educación que muestran al escucharte y ante el artista. Los países de centroeuropa es muy interesante también como escuchan, allí hay muchísima cultura musical. No me quedo con ninguno, cada cual tiene su momento especial. El hecho de estar con diferentes públicos es una experiencia muy enriquecedora y a mi me va enseñando mucho porque a los 10 min de empezar a tocar noto cómo es el público y qué es lo que está recibiendo.

SBN: Por todo ello, por tu carrera, por tus viajes, por tu música… has recibido múltiples reconocimientos, galardones, premios… pero también está el reconocimiento de profesionales y reconocimiento del público… ¿elegirías uno de los tres, o es un compendio?

DPD: Es muy complicado… es importante que tus compañeros que son profesionales te digan y que estén de acuerdo con lo que tú estás haciendo, pero al final realmente si tengo que decidirme para mi es el del público. Me subo a un escenario para el público y lo que quiero es que sientan conmigo y con la responsabilidad de hacer sentir y es lo que tengo que conseguir. Todo lo demás, eso de ‘tocar para tí’, pues no lo entiendo, toco para los demás.



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