Candelario, fuente de vida

Declarado como uno de los pueblos más bonitos de España, este municipio salmantino ofrece al visitante una variada oferta turística en un paraje incomparable.

Recientemente, Candelario ha sido nombrado como uno de “Los pueblos más bonitos de España” al ser uno de los municipios más turísticos de la provincia salmantina, además de por la singular arquitectura, mantenimiento de su fiestas, tradiciones y costumbres. Esta bella localidad se encuentra muy cerca de Béjar y se sitúa en la falda norte de la sierra de Candelario, en terreno abrupto, pues se dispone en la ladera de una montaña, con sus calles en profunda pendiente por donde discurren perfectamente encauzadas dos acequias que se subdividen en otras más pequeñas y que constituyen uno de los detalles más originales del conjunto urbano. De este modo el visitante, mientras camina hasta la parte alta del pueblo, es acompañado por el susurro cadencioso del curso del agua en su búsqueda del río Cuerpo de Hombre.

Como ya hemos señalado, la villa de Candelario se escalona en la ladera de la sierra de su mismo nombre, lo que hace inevitable que su entramado callejero sea complicado, con las calles principales en el sentido de la pendiente y las calles y callejas secundarias transversales a las anteriores. Esta falta de horizontalidad confiere a sus rincones un sabor y una estética especial y, en consecuencia, el paseo por el interior de su casco urbano es cansado, pero siempre relajante y placentero.

Esta estética tan especial y el hecho de ser uno de los núcleos mejor conservados de la provincia, le mereció la declaración en 1975 de Conjunto Histórico-Artístico. Sus callejas estrechas y empedradas son recorridas por sus conocidas regaderas (canalillos de agua cristalina recogida de las nieves de su sierra ) con curvas y recovecos que sorprenden al visitante que se adentra en ellas.

La villa surgió en el Barrio Somero, aquel que levantaran los pastores astures. Este barrio, hoy desaparecido, se encontraba a la derecha del inicio del camino de Navacarros y después se fue ampliando en torno a la Iglesia y a un lado de esta, se situó la judería, lo que actualmente se conoce como Barrio de los perros. En la parte baja de la ladera se encontraban la Ermita del Santísimo Cristo del Refugio o el Humilladero. El resto del pueblo se fue construyendo mucho más tarde, desde la Corredera, y en especial a partir del siglo XVIII cuando se inició la expansión de la industria chacinera.

Uno de los elementos más curiosos y fácilmente reconocibles de la casa típica de Candelario es la batipuerta que protege su acceso desde el exterior. Con ese nombre nos referimos a la media puerta que antecede y protege a la propia de la vivienda. De madera y con un remate superior variable en su diseño parece reunir diferentes funciones, referidas a este interesado, por los más mayores del lugar, en el trabajo de campo llevado a cabo a lo largo de los años. Para unos defendía la casa de los rigores climáticos fundamentados en forma de las frecuentes nevadas que se acumulaban en calles y accesos.

Para otros permitían el airear la vivienda sin temor a que entraran algunas reses de las que merodeaban frecuentemente por las calles de la localidad. De este modo, las batipuertas también permitían que desde el interior de la misma, desde el portal, el matarife pudiera asestar a las reses el golpe definitivo que pusiera fin a su vida e iniciara el proceso de la matanza. De hecho, en algunas de ellas podrá ver una curiosa anilla de hierro y algún gancho, del mismo material por el que se hacía pasar la cuerda que sujetaba a la res, para tirar desde su interior y acercarla hasta la batipuerta, facilitando así el trabajo del sacrificio sin temor a golpes, cornadas o dentelladas.

Además de las típicas Fuentes de Candelario y las regaderas que recorren el pueblo de las que anteriormente hemos hablado, en este precioso pueblo podemos visitar también la Ermita del Humilladero y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que es sin duda alguna el edificio más sobresaliente de la villa de Candelario. De grandes proporciones, en él se mezclan diferentes estilos arquitectónicos (mudéjar, barroco, románico y gótico). Su interior lo componen tres naves, separadas por grandes arcos semicirculares. Entre los retablos sobresale el dedicado a los Mártires, obra de talla y pincel sobre tabla del siglo XVI. En la torre del templo, de 28 metros y entrada exterior, se instaló el reloj que marcaba el tiempo de la villa. Al igual que la iglesia, la torre primitiva era mucho más esbelta, pero en 1929, durante una tormenta, parte de ella se hundió y al reconstruirse ya no se remató.

Si preferimos una ruta por la naturaleza, Candelario también nos ofrece esa posibilidad ya que el paisaje que rodea el entorno de este pueblo nos ofrece la posibilidad de ascender a cotas realmente altas, presididas por el Calvitero, a más de 2.400 metros de altura, con bosques que ascienden por las laderas de la sierra mostrando su más bella diversidad. La Ruta del Cancho de la Muela, el Paseo por la Cruz del Herrerito, la Ruta de la Garganta del Oso, o la visita a las Lagunas del Trampal, son algunas de las rutas que se pueden realizar en este paraje incomparable, sin olvidar el ascenso a La Covatilla.

 

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