¿Eres de José o de Juan?

PAULA ZORITA

Hoy me encontré en los tendidos de mi Glorieta a un aficionado bueno ‘tela’, de esos de los que te gustaría tener cerca más a menudo, porque me lo encuentro más por el ‘Twittendido’ que por las plazas, la verdad. Pedro se ha traído los aires sevillanos, los que chocan con la frialdad charra, los que traen sensibilidad y arte puro, los que traen aromas maestrantes y quizá los que tienen más imparcialidad, más que nada por el hecho de no ser de Salamanca. Hemos compartido asiento durante dos toros, y uno de ellos ha sido el del ‘controvertido’ indulto de Ferrera a Liricoso, de la ganadería salmantina de Montalvo, y digo ‘controvertido’, porque a pesar de que el público ha pedido el indulto, luego lo ha protestado, e incluso, los que lo pidieron casi se echaron atrás en su petición. Parecía que se avergonzaran de haberlo pedido y provocaron una situación en la plaza que yo particularmente jamás había vivido, una sensación extraña y contradictoria.

Y ahí es cuando Pedro me trajo al presente aquello que se decía antiguamente por Sevilla y que quizá fue lo que en su momento más enfrentamiento generaba entre los aficionados: el ser de José (el clasicismo) o de Juan (la revolución), de una ‘orilla’ u otra de Sevilla. Ahí está la cuestión, esa ha sido la esencia de la Tauromaquia durante toda su historia, la controversia, la disparidad de opiniones y de gustos. ¡Qué aburrido sería si todos pensásemos lo mismo y si todos hubiésemos estado de acuerdo por ejemplo en ese indulto!. Él ha sido el que me ha dicho: ‘Paula, ésto es lo bonito de los toros, esa contradicción y esa pasión de unos y otros por defender su opinión y gusto’, ¡qué verdad!. Para ambos, el toro ha sido como se dice en el argot taurino ‘de vacas’, pero es cierto que no todo el mundo lo vio así.

Liricoso abrió plaza y fue una verdadera máquina de embestir en la franela de Ferrera. El extremeño estuvo muy bien con el toro, pero no tanto como estuvo con su segundo. El astado tuvo bravura, humillación, transmisión, profundidad… todos los adjetivos en los que no quiero caer para no hacer de esto una ‘crónica al uso’. El caso es que fue un gran toro, (enhorabuena, Juan Ignacio). Sea de indulto o no, haya escarbado un par de veces o no, ¿qué más da eso?. El caso es que este indulto beneficia en gran medida a un espectáculo ‘herido’ que lo que necesita son revulsivos para poder seguir adelante. Lo que no quita, para que cierto sector del público pueda opinar que no era tanto como Ramón (el presidente) vio. Aunque la sensación generada cuando se ha abierto la Puerta del Patio para que Liricoso volviese a la vida en el campo no ha sido la mejor, sí que ha sido ‘torera’, como las broncas y como las ‘espantás’.

El caso es que las corridas de toros tras la novillada del miércoles, han arrancado de la mejor manera posible, y Liricoso reinará en Linejo dentro de poco. Quedémonos con eso. Ferrera es esencia barroca, su toreo ha evolucionado hasta llegar a interpretar un toreo clásico y reposado que sobre todo mostró en su toreo al segundo de la tarde, otro buen toro de Montalvo con el que el extremeño se expresó desde la capa, con galleos al caballo y dos extraordinarias tandas al natural ya en la faena de muleta, me quedo con eso.

Completaban el cartel de hoy el francés Sebastián Castella y el jerezano afincado en Badajoz, Ginés Marín. Castella venía avalado por grandes triunfos de esta temporada, sin duda el más sonado el de la Puerta Grande de Madrid, y Ginés, en su posición de torero joven y en plena evolución, también traía consigo tardes importantes de plazas como Palencia o Dax, donde indultó un toro de Santiago Domecq. Castella se estrelló con un lote de escasas opciones con las que no pudo estar a gusto ni llegar al tendido con lo que hizo. Faltó rotundidad por la condición de los animales en su tarde, y se fue de vacío después de haber sido triunfador absoluto de esta feria sin ir más lejos en 2015. No se pudo repetir ese triunfo, pero en Salamanca, siempre se le espera.

Por su parte, Ginés Marín firmó lo mejor al primero de su lote. Un toro aplaudido de salida por su preciosa estampa con el que Marín se mostró muy firme y decidido. Logró los mejores pasajes durante el trasteo al natural y en un final muy en cercanías que caló en los tendidos. No tuvo suerte con los aceros y todo quedó diluido. El momento emotivo de la tarde lo protagonizó el joven torero al brindarle la muerte de su sexto toro a Don Santiago Martín ‘El Viti’, que desde su abono de balconcillo, es como si presidiese cada tarde de toros. Da gusto verle allí, cual Rey en su trono, en este caso, en su Glorieta. Su toro no dejó opción al lucimiento por ser un animal algo bronco e incierto. Mucha disposición pero poco resultado encontró Ginés. También se le espera, otra vez será.

 



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