Lea Vicens: ‘creo que domar un caballo es crear una obra de arte’

La finura que su silueta dibuja sobre el caballo es la misma que desprende al hablar la rejoneadora francesa Lea Vicens. Lleva años viviendo en Sevilla, y su modo de hablar el español baila entre el acento francés y el deje andaluz.

PAULA ZORITA

La finura que su silueta dibuja sobre el caballo es la misma que desprende al hablar la rejoneadora francesa Lea Vicens. Lleva años viviendo en Sevilla, y su modo de hablar el español baila entre el acento francés y el deje andaluz. Son las 23:02 minutos de la noche y por fin consigo comunicar con ella después de varios intentos. Para ella las horas pasan en el campo montada a caballo y dedicándole su vida a sus ‘toreros’, como ella misma los denomina. A esa hora me encuentro a una Lea que ‘baja las revoluciones’ y me atiende amablemente para hablarme de cómo está siendo su importante temporada, de sus ‘caballos toreros’, de sus pretensiones y cómo no, de cómo llega a La Glorieta, una de las últimas plazas de la temporada pero no por ello menos importante. Pronto llegará esa semana de descanso en la que me confiesa que le gusta irse a la montaña con su perro… pero sólo será una semana. El trabajo en invierno es fundamental para sus caballos y para las ‘jóvenes promesas’ de su cuadra. Comenzamos hablando de su importante temporada y de la satisfacción del deber cumplido…

PZ: Lea, está siendo una temporada muy regular, con triunfos importantes en plazas de mucha relevancia…

LV: Pues sí, Paula, fíjate que hace un rato repasaba datos y de las más de 35 tardes que llevo hasta el momento, sólo hay tres corridas donde no he cortado orejas. Estoy contenta porque la cuadra, que es lo más difícil de mantener, que tengan un buen nivel, está respondiendo. A veces cuando entras en la vorágine de torear mucho, los caballos cogen pequeñas manías que no da tiempo a corregir entre una corrida y otra porque no tienes tiempo apenas de trabajarlas con ellos para rectificarlas, pero en mi caso es al revés… Este año en cada corrida, como los conozco perfectamente, si hay cualquier pequeño intento de lo que sea, discretamente lo corrijo.

PZ: Qué importante e ilustrativo eso que me cuentas, que los caballos, como los toreros pueden pasar malas épocas a la hora de efectuar cualquiera de sus movimientos incluso, pues como un torero puede coger el vicio de matar mal con la espada, pueden pasar rachas…

LV: Así es… como te digo, este año me doy cuenta de cuánto hemos avanzado en ese aspecto tanto ellos como yo, y sé que los conozco perfectamente y esa seguridad me hace poder rectificar cualquier pequeño detalle de ellos, como te digo.

PZ: Personalmente, Lea… ¿en qué momento llegas a Salamanca?

LV: Llego en paz conmigo misma, con mi cuadra, con mi forma de hacer las cosas, mis faenas… digamos que ahora estoy en la cima, ‘dominando’. Muchas veces a principio de año has perdido un poco el sitio por el invierno y estoy algo fría y me cuesta arrancar. Después cuando arranco me llegan los compromisos más fuertes que me quitan un poco el sueño, y ahora estoy ya con el deber cumplido y con la cabeza muy equilibrada y con ganas de triunfar en Salamanca, ¿claro!

PZ: ¿Pero?

LV: (Ríe) Bueno, pues como todos los perfeccionistas, que yo creo que tú también eres de esta raza, nunca estamos satisfechos cien por cien, siempre buscamos mejorar. Estoy en perpetua búsqueda de la perfección que no alcanzaré nunca porque es muy difícil, pero siempre la buscaré.

PZ: Y tus caballos, Lea… ¿en qué momento llegan?, ¿con cuál te sientes mejor ahora mismo en el ruedo, en cuál confías más?

LV: Tengo la suerte de poder decirte que me siento bien con todos los caballos… es cierto que la gente conoce a algunos caballos más que a otros porque son ‘caballos estrellas’ como por ejemplo ‘Bético’. Ahora estoy muy ilusionada con un potro de mi hierro que he domado yo que se llama ‘Diluvio’ y lleva tres o cuatro corridas a un nivel impresionante. Ha dado un gran cambio y ha pasado de ‘ir porque yo le mandaba’ a querer torear él mismo. Eso me da muchísima satisfacción, ver esos progresos y cambios.

PZ: Ya sabes lo que es triunfar en esta plaza… es una feria de mucho peso porque es de las últimas de la temporada y Salamanca es tierra de toros y caballos…

LV: Es una feria muy importante y dentro de esta plaza me siento bastante cómoda. Es el tercer año y los dos años anteriores han sido años de triunfos fuertes saliendo a hombros en una plaza que se llenó de gente y el público es muy agradable y conocedor de lo que ve. Es un público que aplaude a lo puro y a lo bien hecho y voy con ganas porque te ilusionan las plazas donde te tratan bien, además es un pedazo de cartel

PZ: Cierto, estás toreando mucho con Pablo y Guillermo, está teniendo éxito la combinación…

LV: Sí, está teniendo mucho éxito y hemos llevado a mucha gente a las plazas. Es un cartel novedoso porque reune a la máxima figura de rejoneo del escalafón, está por otro lado el atractivo de ver a su hijo y bueno, por último yo. Es una terna muy rematada. Nos damos cuenta de que es un cartel muy exitoso y además dentro de un clasicismo que gusta, no somos tremendistas ninguno de los tres.

PZ: ¿Y cuando termine la temporada… qué vas a hacer, Lea?

LV: Pues me tomo una semana de descanso, me gusta irme a la montaña con mi perro, que me encanta estar tranquila y luego vuelvo rápido. A partir de ahí cojo a los caballos que han hecho temporada conmigo, les quito las herraduras, y les hago hacer gimnasia y trabajo de pulmones. No les canso ni les agobio. Me centro sobre todo con los caballos nuevos, este invierno tendré que montar cinco potros para sacar el año que viene. Cuando terminen las vacaciones de Navidad (la de la gente, yo no tengo de eso… dice entre risas), vuelvo a coger a ‘los toreros’ y con los potros.

PZ: Me encanta oírte decir eso de ‘caballos toreros’, en realidad, lo son… ¿Cuántas horas les puedes dedicar al cabo de un día?

LV: Pues muchísimas, puedo estar días enteros desde las ocho y cuarto de la mañana en el campo hasta las 9 de la noche o más tarde sin parar. Nadie me fuerza a hacerlo, no tengo jefe, soy un poco esclava de ellos, soy esclava pero sin ser forzado. Todas las horas que yo echo a entrenar a cada caballo, para mi es como fabricar una obra de arte. Creo que domar un caballo es así, conseguir que lo sea, rematarla, volver a empezarla si hace falta… es realmente apasionante.

Nuestra conversación finaliza aunque podría haber seguido, estoy segura, muchos más minutos, pero no eran ya horas… su cercanía hizo que la entrevista fuese más allá de la ‘pregunta-respuesta’, e incluso llegamos a acordar que me enseñará los secretos de este arte, el del rejoneo, que, confieso es muy desconocido para mi a pesar de mis años en el periodismo taurino y como aficionada. Quizá me falte eso, tener el contacto con alguien que me explique y me ilustre en ello, espero que nuestro acuerdo se llegue a cumplir. Para mi será un placer escuchar tus consejos y aprender más sobre el rejoneo. ¡Suerte para ti y tus caballos toreros!.

FOTOGRAFÍAS: TONY BREBAN, RAMÓN AZAÑÓN Y WEB LEA VICENS



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