Sadia: “La vida y la música van de la mano y es imposible que una no influya en la otra”

El bautismo de fuego, como él mismo lo denomina, de su nuevo disco, será en su concierto en Salamanca en la Sala B del CAEM este viernes a las 22:00 horas de la noche.

TONI SÁNCHEZ

Iván Sadia es un artista del blues rock contemporáneo. Nacido en Zamora, de profesión profesor y músico, reside en nuestra ciudad desde el año 2005. Su música posee un estilo personal que bebe de géneros como el blues, el rock&roll, rock sureño… Su nuevo álbum, ‘La flor del opio’, verá la luz este viernes en el concierto que Sadia ofrece en la Sala B del CAEM a las diez de la noche. El nuevo trabajo discográfico está repleto de buenas canciones originales entre las que, además, se encuentra “Jinete a medianoche”, su adaptación al español del clásico “Midnight rider” de The Allman Brothers Band.  Sin duda, un disco en el que la música se convierte en un refugio, un lugar situado inevitablemente al sur, donde resuenan muchos sonidos y momentos de su vida.

 

– Toni Sánchez: En tu biografía dices que la palabra que mejor define tu relación con la música es pasión. ¿A qué se debe?

– Iván Sadia: En mi casa siempre se escuchó mucha música, mi padre es cantante y gran aficionado, y de niño todo esto  comenzó como un juego. Sin embargo, no recuerdo pasar por una etapa en la que la música fuera solo un hobby. En seguida tuve claro que era lo mío, sobre todo desde que descubrí el rock and roll de bien pequeño. Aquello fue como una revelación. Desde entonces ha sido mi única vocación, otra cosa es que haya podido dedicarme enteramente a ella. 

 

– TS: ¿Cómo comenzó tu andadura en el mundo de la música? 

– IS: Pues empecé muy joven, a los trece años ya estaba con la guitarra acompañando a mi padre en un grupo familiar de música tradicional. Ahí es donde empecé a curtirme en los escenarios y demás. No es que el folclore fuera la música de mi vida, pero gané mi primer dinerillo para una guitarra eléctrica y un ampli. 

 

– TS: ¿Qué artistas te impulsaron a dar ese paso de lanzarte al mundo de la composición?

– IS: Yo escribo canciones, si se podían llamar así entonces, desde antes de tocar un instrumento y de saber nada de lenguaje musical. Tenía una libreta donde iba escribiendo letras y les ponía melodías, que muchas veces estaban inspiradas en los grupos de moda que sonaban en la radio: Loquillo, Los Rebeldes, etc. cosas así. 

 

– TS: ¿Siguen siendo esos mismos tus referentes? 

– IS: No claro, Los referentes han ido cambiando a lo largo de mi vida, y mis influencias son otras, pero sigo teniendo un hueco en mi corazón para aquellas bandas de finales de los 80 que me marcaron el camino. Tanto es así que en mi repertorio actual versiono algunos clásicos de algunos de estos grupos, a modo de homenaje. De todas formas en España muy pocos han conseguido cogerles la delantera. 

 

– TS: Tu carrera, como tu mismo reconoces, ha sufrido muchos altibajos, y eso supongo que afectará al estado de ánimo de un artista.

– IS: Sí, aunque mi caso no creo que sea excepcional. La vida y la música van de la mano y es imposible, al menos para mí, que una no influya en la otra. Desafortunadamente ha habido temporadas en las que el día a día le ha ganado terreno a mi dedicación musical, algo inevitable si no vives de ello. 

 

– TS: ¿Qué te motiva a seguir adelante? 

– IS: Solo la música. Todo lo que la rodea: el reconocimiento, la fama, o el dinero no me motivan por sí solos. Si aparecen, bienvenidos sean, porque son necesarios para continuar, pero lo mío tiene más que ver con aquella actitud bohemia de “El arte por el arte”. Tampoco quiero que suene pretencioso, si no tuviera el apoyo de la crítica y del público me cuestionaría el seguir adelante.

 

– TS: Salamanca es tu tierra de acogida y en ella has podido actuar ya muchas ocasiones en varios pubs y también en la Plaza Mayor como telonero de M-Clan en 2015. ¿Qué recuerdos guardas de aquella noche?

– IS: Todos buenos. Aquello fue la consecuencia de haber sido elegido junto a mi grupo ganador del premio de FACYL 2014 a la mejor banda emergente, y el premio fue saborear las mieles del éxito. Recuerdo bajar del escenario, estar con M-Clan en el backstage y decirnos Carlos Tarque: “¡Vaya, cuánta gente os sigue por aquí!”, a lo que respondimos: “No creas, en realidad es vuestro público, pero cuidado, porque parece que les hemos gustado”.

 

– TS: El viernes presentas en el CAEM ‘La flor del opio’. ¿Qué significa este concierto?

– IS: El concierto del viernes en la sala B del CAEM es el bautismo de fuego de mi nuevo álbum. Significa vestirse de gala para recibir al público que quiera compartir esta celebración conmigo y con mi grupo y disfrutar juntos de las canciones, que creo se merecen algo así. 

 

– TS: En este nuevo disco han colaborado músicos de formaciones musicales importantísimas a nivel nacional. ¿Te acompañan también en la gira?

– IS: En él colaboran Iñigo Uribe (69 Revoluciones, M-Clan) al piano, Lucas Albaladejo (Loquillo) al órgano Hammond y Hendrik Röver (Los DelTonos) y los Míticos GT, pero su participación desafortunadamente se limita al álbum. En directo me acompaña mi banda actual, formada por mi hermano Mario Sadia al bajo y Javier Romero a la batería. Se trata de una base rítmica muy sólida y contundente. Este es mi formato preferido, el llamado power trío, pero me encanta colaborar con otros músicos.

 

– TS: ¿Qué mensaje quieres transmitir a los espectadores que vayan a acudir a tu concierto? 

– IS: Pues que ellos son los verdaderos protagonistas del concierto. Es un trabajo que llevo mucho tiempo peleando y el viernes es el momento de ponerlo sobre las tablas. Espero que el público disfrute del show. 

 

– TS: ¿Cómo consigue un músico independiente abrirse camino en este mundo y mantenerse ‘vivo’?

– IS: ¿Vivo espiritual o materialmente?  Porque sin duda la música me hace sentir más vivo. Yo actualmente vivo con, por o para la música, todavía no de ella, pero solo hay que cambiar la preposición. Es una situación que comparto con la mayoría de lo músicos de España. La industria ha experimentado un cambio brutal en el que los músicos nos hemos llevado la peor parte. Así que se puede decir que más que vivir del oficio, sobrevivimos.



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