Dieciocho años sin Julio Robles

El torero salmantino permanece en el recuerdo de profesionales y aficionados cuando se cumple la 'mayoría de edad' desde su adiós.

Decir Julio Robles es sinónimo de torería, inspiración, clase, saber estar, elegancia, personalidad… Un sinfín de adjetivos que podrían cabernos dentro de la definición de este torero nacido allá por el año 1951 en Fontiveros, un pequeño municipio de la provincia de Ávila. En su afán por ser matador de toros, pronto emprendió camino Robles a La Fuente de San Esteban (Salamanca), donde rodeado de profesionales de la época, se forjó como torero para tomar la alternativa el 9 de julio de 1972 en la Monumental de Barcelona, siendo el padrino de su doctorado Diego Puerta y el testigo Paco Camino.

Torero muy del gusto de la exigente afición de Madrid, Julio Robles firmó grandes tardes de toros en la monumental venteña, saliendo por la Puerta Grande en tres ocasiones en los años 1983, 1985 y 1989. Robles fue un torero importante en la década de los años setenta y ochenta, siempre bajo el amparo de su exquisito capote, del que se habla y se recuerda como uno de los mejores de la historia del toreo.

El malogrado Julio alcanzó su madurez como torero a finales de los años ochenta, toreando casi setenta corridas en el año 1989, el año de su última Puerta Grande en Madrid, en el que actuó también en las principales ferias de España y Francia. En ese momento de plenitud llegó el fatídico percance en Bèziers la tarde del 13 de agosto de 1990, cuando un toro le provocó una lesión medular que le impediría volver a caminar y le dejaría postrado en una silla de ruedas para el resto de sus días.

El espigado torero charro pasó el resto de su vida sin poder andar, aunque sí se mantuvo cerca del toro bravo en el campo en su finca. Ese fue su principal motor para no desfallecer en su lucha diaria, el contacto con el animal que le había dado todo, pero que también le había quitado tanto en aquella maldita tarde en suelo francés. Julio Robles se fue cuando menos se esperaba, hace hoy ya dieciocho años en una fría tarde de enero en el Hospital de la Santísima Trinidad, a causa de una peritonitis y sin haber llegado a cumplir las cincuenta primaveras.

Pese a su partida, Robles sigue siendo recordado cada año en el homenaje que la Federación de Peñas Taurinas ‘Helmántica’ y el Ayuntamiento de Salamanca realizan junto a su estatua en la explanada de la plaza de toros de La Glorieta. Sin ir más lejos, este pasado fin de semana se celebraron una conferencia en el Casino y la tradicional ofrenda floral a la que acudió el nuevo alcalde de la ciudad, Carlos García Carbayo, y el candidato a la Junta de Castilla y León por el PP, Alfonso Fernández Mañueco.



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