
PAULA ZORITA.
Pasó su infancia correteando por las calles de Matilla de los Caños y ahora camina con paso firme por las de New Jersey. Así es la vida, así de cambiante, así de apasionante. Juan Felipe Morocho comparte con nosotros su experiencia al otro lado del charco, una aventura y una decisión que fue tomada como un gesto de amor, ¿por qué no decirlo?.
‘Matilla de los Caños, donde nací, es mi pasión… allí viví mi infancia hasta los 12 años, que mis padres, mi hermana y yo nos fuimos a vivir a Salamanca, aunque mis fines de semana seguían siendo en el pueblo’, comienza diciendo Juan Felipe. Salmantino 100%, sabe bien de lo que es hablar también de la ‘Salamanca Universitaria’, puesto que después de acabar sus estudios de bachillerato, comenzó Ingeniería técnica de Obras Públicas. Es aquí donde comienza la verdadera ‘aventura’…
¿Por qué elegiste esta carrera?
J.F: Elegí esta carrera porque mi padre siempre se dedicó a la construcción. Recuerdo que en mi infancia, cuando le daban algún proyecto me encantaba ir a verlo. Trabajé los veranos de mi juventud en la construcción para ganar dinero, siempre me ha gustado.
¿En qué año terminaste y cuál era la situación para tu trabajo en España? ¿Había proyección de futuro?
J.F: Terminé en junio de 2009, justo en plena crisis, sobre todo en mi sector, el de la Obra Pública. No había mucha salida, pero gracias a mi padre y a sus contactos entré a formar parte del equipo técnico que construyó el Edificio de la Junta de Castilla y León. Aprendí muchísimo al lado de grandes profesionales, disfruté mucho. Seis meses de acabar la obra, me comunicaron que no habría más. La crisis hizo mella.
Durante mis estudios conocí a Liliana (ella es de allí) mientras hacía un máster aqui. Justo con esta mala noticia, nos encontrábamos preparando nuestra boda. En ese momento era lo más importante así que tampoco me preocupó en exceso.
Lo que no sabías es que haber conocido a Liliana iba a ser el motivo de que te fueses tan lejos de tu Matilla…
J.F: Desde luego… Fue la decisión más difícil de mi vida sin duda. Ella se vino a vivir en 2011 a Salamanca. Ella trabajó como profesora de primaria, era la situación ideal, por eso planeamos nuestra boda y nuestro proyecto de futuro juntos. Justo antes de la boda, ella recibió una carta de EE.UU donde le comunicaban que en el plazo de un año la excedencia que pidió en el colegio donde ella trabajaba en USA se terminaba en dos meses y ella debía decidir si renunciaba o volvía.
Ahí sí que te preocupaste…
J.F: Sí, mi mujer lo había dejado todo por mi y mi futuro profesional pendía de un hilo. Durante nuestra luna de miel decidimos que lo mejor era que ella volviese y yo cuando acabase la obra me fuese a vivir allí. Pronto tuve mi permiso de trabajo.
¿Qué es lo que más te costó dejar atrás, aquí en Salamanca? ¿Cuánto tiempo llevas allí?
J.F: Dejar mi familia fue lo más duro y a mis amigos. Por suerte me apoyaron siempre, entendieron que era lo mejor. Nunca había imaginado mi vida lejos de Matilla y Salamanca y ¡ya voy para cinco años, increíble!
¿Cuál es el primer recuerdo que tienes recién llegado? ¿La primera persona que conociste?
J.F: Recuerdo la sensación de calor húmedo al salir del aeropuerto JFK. Otras veces había volado en invierno pero nunca en pleno verano… ¡Fue un azote de calor! En cuanto a la gente, gracias a Dios ya conocía a familia y amigos de Liliana. Y ellos se han convertido en mi gran apoyo… ¡Si llego a ir solo, a los dos años me habría vuelto para España! (dice entre risas).
¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de todo aquello, la cultura es completamente diferente a la nuestra, las aficiones también, la forma de vida en definitiva es muy distinta…?
J.F: De EE.UU, en concreto New Jersey, me gusta la cantidad de oportunidades a nivel laboral que existen. Una estabilidad económica que te permite llevar una buena calidad de vida. Lo que menos me gusta es el clima de invierno, es muy extremo y yo que soy de pisar la calle a toda hora… ¡Nos pasamos enterrados en nieve semanas! eso me desespera un poco. La rutina es brutal, de casa al trabajo y del trabajo a casa. El idioma tampoco me ha resultado muy fácil, pero bueno… a base de clases y que mis jefes me hablaban sí o sí en inglés… ¡pues no me ha quedado otra que espabilar!
¿Cuál es la principal diferencia que encuentras entre EE.UU y nuestro país?
J.F: La comida, – sentencia -. En España se come muy bien. Las cañas de los viernes, cualquier día es bueno para salir a tomar un pincho, aquí eso no existe. También que la gente aquí no es tan sociable. Uno ni siquiera sabe a qué se dedican sus vecinos. Menos mal que hace poco nos mudamos y unos de nuestros vecinos son dominicana ella y con descendencia de Puerto Rico él. Estamos deseando que mejor el tiempo para hacer cosas con ellos y con los demás amigos de Liliana.
¿Tienes unas mayores metas laborales u objetivos a largo plazo? Es decir, ¿te ves en aquel país por mucho más tiempo o te gustaría volver en algún momento?
J.F: En principio me di de margen tres años para incorporarme de nuevo a la obra en España, pero la crisis se ha prolongado. Aunque estas navidades cuando estuve en España sí que me dijeron que ya se ve un poquito la luz. Claro que me gustaría volver, quizá me plantee ahorrar un poco más aquí y luego ir allí y montar un negocio, algo para mi. Liliana como profesora bilingüe siempre tuvo ofertas.
Tus sueños entonces siguen en España, en Salamanca, en tu Matilla de los Caños…
J.F: ¡Por supuesto! Además yo soy mucho de soñar. Liliana se ríe porque aunque sueño mucho no suelo acordarme de ello. Pero cuando sueño siempre es en Salamanca, Matilla… siempre hablando en español, con mis amigos de la infancia. Y se dice que uno está donde están sus sueños, ¿no?. Aquí no me falta de nada, pero evidentemente, me falta mi familia y amigos.
¿Recomendarías tu experiencia?
J.F: Sin duda alguna, la recomendaría. Ahora valoro mucho más a mi familia, a mi gente, valoro mi ciudad, Salamanca. Los disfruto a tope cuando vuelvo. En la distancia se da uno cuenta de los verdaderos amigos, también de los que creías que no lo eran tanto y te sorprende cómo están pendientes de ti. E incluso he hecho amistades nuevas en España.
¿Y tu experiencia laboral?
J.F: He tenido dos trabajos. Al principio trabajé 27 meses en un concesionario de coches que no me requería mucho inglés. Ahora llevo casi año y medio en una empresa de productos electrónicos. Como ves, nada que ver con la construcción que tanto me gusta, pero reconozco que me han acogido muy bien, me valoran y me siento a gusto, que es lo importante.
J.F: Nosotros vivimos en Edison, en el Estado de New Jersey, al sur del estado de Nueva York y a 45 min. en coche de Manhattan. Me impactó mucho que todas las calles están cruzadas por cables de alta tensión. Por todos lados, multitud de ellos. Cosa que en España están soterrados desde hace años. Edison es curiosamente el pueblo donde vivía Thomas Alva Edison, el inventor de la bombilla en 1897, fonógrafo y cámara de cine. Tiene una población de 100.000 habitantes y es un lugar cómodo en el que vivir, cerca de grandes ciudades pero con viviendas unifamiliares. Manhattan me fascinó, aunque tuve la sensación de que ya la conocía… ¡por las películas!, – dice de nuevo entre risas-, pero es para visitarla, a mi no me gusta para vivir.
¿Qué es lo que más echas de menos de Salamanca?
J.F: ¡Todo! Es una ciudad ideal, muy coqueta, tranquila, turística, juvenil… ¡allí nos conocemos todos, somos una gran familia y eso me gusta! aquí eso se echa de menos. Echo de menos como buen salmantino las Ferias, el hornazo… los pinchos por Van Dyck, el embutido… ¡y mi campo charro!
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