
Esta mañana se ha celebrado la solemne misa en honor a la patrona de Salamanca, la Virgen de la Vega, en la Catedral Nueva de la ciudad. Durante el acto religioso, que ha sido precedido por la comitiva de honor del Ayuntamiento de Salamanca y demás autoridades de la ciudad en procesión desde el Consistorio hasta la Catedral, el protagonista ha sido el alcalde Carlos García Carbayo, quien se presentaba ante la Virgen con el máximo cargo del Consistorio, dedicando estas palabras a todos los asistentes:
Querida Santa María de la Vega, patrona de Salamanca y su tierra. Señora Nuestra.
Me presento ante ti, por primera vez como alcalde de Salamanca, para realizar esta ofrenda en representación de todas las salmantinas y los salmantinos. Lo hago por devoción, con humildad y con la satisfacción de dar continuidad a una tradición que vienen cumpliendo cada año quienes me han precedido al frente del Ayuntamiento, a quienes expreso mi felicitación y agradecimiento por su labor.
Te pido que guíes mis pasos durante estos cuatro años para desempeñar con acierto y justicia el encargo que los ciudadanos me han encomendado: gobernar Salamanca, y hacer de ella una ciudad mejor para todos.
Es una responsabilidad que comparto con un equipo de concejales muy preparados, ilusionados y comprometidos con el progreso de nuestra ciudad. Nos sentimos unos privilegiados por poder dedicarnos a mejorar la calidad de vida de los salmantinos y pondremos todo nuestro empeño en esta grata tarea.
Prometemos, Señora, actuar siempre defendiendo el interés general, y promoviendo todo aquello que en conciencia sea lo mejor para esta ciudad y todos y cada uno de sus habitantes.
También cuento con la colaboración de los empleados municipales y de las empresas que trabajan con el Ayuntamiento, que nos entregan con generosidad la profesionalidad que atesoran.
Y, sobre todo ello, siento el aliento y el cariño de los salmantinos, su apoyo incondicional y su voluntad de construir juntos un futuro próspero que nos brinde más oportunidades.
Ningún capitán podrá presumir de disponer de barco más marinero ni de tripulación más entregada. Por mi parte, tengo la absoluta convicción de que bendecirás nuestra singladura, Señora, y nos facilitarás llevar nuestra querida nave a buen puerto.
Salamanca es una ciudad excepcional. Te damos las gracias. Aúna tradición y modernidad, patrimonio y medioambiente, cultura e innovación, y acoge talento, mucho talento. Los más de ochocientos años de nuestra historia universitaria son un trampolín que nos catapulta hacia el futuro.
Los jóvenes salmantinos tienen que ser partícipes y beneficiarios del esfuerzo investigador que se está desarrollando en nuestra ciudad, y que tan bien simboliza nuestra pregonera, Mar Siles, y generar con el concurso de científicos, emprendedores y otras Administraciones más oportunidades de empleo y de desarrollo empresarial en Salamanca.
Querida Virgen de la Vega, nos desvelaremos para que los jóvenes salmantinos puedan desarrollar su vida personal y profesional en la ciudad que aman.
Los salmantinos, Señora, somos también conscientes de que hemos sido muy cicateros con mujeres que han trabajado mucho para merecer mejor suerte en sus carreras profesionales. Tenemos una deuda que saldar con tantas mujeres que han tenido que remover obstáculos sin fin, y trabajaremos para que las mujeres salmantinas sean promovidas a los puestos de máxima responsabilidad, disfruten de condiciones de igualdad en todas las tareas que afronten y dispongan de facilidades para poder desarrollar su actividad laboral.
Los mayores, Señora, han dado todo por nuestra ciudad y se han ocupado de que nosotros crezcamos siendo personas de provecho. También nos han auxiliado en los peores momentos. Les reconocemos su esfuerzo y sacrificio. Se merecen que les ampares, y que nunca padezcan el desconsuelo de la soledad, sino al contrario, que sientan que Salamanca les acompaña y les abraza cada día.
Estaremos también al lado de las personas y familias que más lo necesitan, porque tienen dificultades para pagar su alquiler, el agua, la calefacción, la alimentación o los libros de sus hijos.
Salamanca es la suma de todas nuestras inquietudes, esfuerzos, éxitos y de nuestras necesidades, y todas deben tener respuesta.
Querida Virgen de la Vega, la Salamanca que te ofrenda su amor, su entrega y su solidaridad, es una ciudad abierta y tolerante, viva e inquieta, generosa y optimista, culta y hospitalaria, con un enorme potencial y mucho futuro por delante. Es una ciudad que quiere seguir conviviendo en paz y en libertad, y contribuyendo, humildemente, pero como corresponde a nuestra tradición, a iluminar el corazón de la humanidad con nuestro saber y cultura.
Ayúdanos a conseguirlo, concédenos salud y sin querer abusar de tu amparo, nos vendría muy bien estos días un poquito de buen tiempo.
Gracias, Madre nuestra’.
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